sábado, 3 de diciembre de 2011

La asamblea del mundo será un niño reunido

"A mí me han hecho los hombres que andan bajo
el cielo del mundo
buscan el brillo de la madrugada
cuidan la vida como un fuego.
 
Me han enseñado a defender la luz que canta conmovida
me han traído una esperanza que no basta soñar
y por esa esperanza conozco a mis hermanos.
 
Entonces río contemplando mi apellido, mi rostro en
el espejo
yo sé que no me pertenecen
en ellos ustedes agitan un pañuelo
alargan una mano por la que no estoy solo.
 
En ustedes mi muerte termina de morir.
Años futuros que habremos preparado
conservarán mi dulce creencia en la ternura,
la asamblea del mundo será un niño reunido"  

Juan Gelmán - Referencias, datos personales

Nacemos en un mundo enfermo y nos volvemos inmunes al virus. Es tarde cuando cruzas por primera vez el umbral de la puerta de tu instituto, ya eres suyx. Tu vida es una hipoteca, tu conocimiento una doctrina, tu miedo son tus cadenas y tus deseos son efímeras visiones de triunfo que cuentan historias acerca de una falsa realización personal que no existe.

Niñxs atadxs a nada, aprendiendo ciega obediencia a un Dios llamado Dinero. Aulas y patios de recreo donde se esfuman las ilusiones y las sonrisas para dejar paso a la tecnología, la artificialidad y el juego individual, a los móviles y las videoconsolas portátiles. Competitividad, desencanto, miedo al suspenso, a no ser lo que otrxs esperan, a decepcionar en este mundo donde aparentar es más importante que ser. Esclavxs de un fantasma, recorremos el desolador escenario de la vida rutinaria, teatro en ruinas cuya gris escalinata nos conduce hacia el suicidio cotidiano, peldaño a peldaño, hasta que todo termina, nuestros sueños e inquietudes se pudren en el abismo y nos convertimos en aquello para lo que nacimos: productorxs-consumidorxs, producimos miseria, consumimos auto-compasión y sucedáneos de felicidad empaquetada a la venta en centros comerciales iluminados por tenues luces de neón que no logran ya camuflar la tristeza de una vida vacía.

La aguja continúa su ciclo constante y al final, nos resignamos. Nos acomodamos en una cárcel construida para la creatividad, para la imaginación y para las ganas de ver más allá del cemento. Perdemos el gusto por la vida para conformarnos con una mediocre existencia, basada en trabajar cada vez más horas y peor pagadas para poder comprar más candados con los que reformar las cadenas, más mierda con la que enterrarnos.

Ésto no es lo que me prometieron. Somos niñxs que no quieren crecer, encerradxs en una jaula para nuestras almas pero seguiremos sin someternos al dictamen de la normalidad. Somos una sonrisa en la cara del/de la que aprende a levantarse tras caerse por primera vez mientras juega en los columpios del parque en la misma hora en la que tendría que estar en clase. No crecemos, no maduramos, no obedecemos, no nos rendimos. Maleducadxs, impertinentes, salvajes, incívicxs, seguimos sacando la lengua por miedo a mordérnosla.

¿Y qué pasaría si, aunque sólo fuese durante unos segundos, no existiese nada más que el sincero e inmediato deseo de ser nosotrxs mismxs, a toda costa?, ¿y si por unos instantes... jugásemos?.

Devolvednos nuestras vidas.

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