viernes, 28 de octubre de 2011

En las entrañas de este monstruo de hormigón, nuestros sueños esperan el momento de arder de nuevo...

Texto editado por un compañero al que agradezco el habérmelo pasado.
Original aquí.

Porque nos han robado la vida. El tiempo que pasamos esperando que pase el tiempo. Todas las células que entran en estado de apoptosis en esos minutos, horas, días... toda la materia orgánica que se deshace, todas las funciones vitales que perdemos. Nos han robado el cuerpo. Lo transportan de un lado a otro, constantemente.

Revolución no es salir los sábados y los domingos a quemar el mundo para volver el lunes al trabajo sintiéndose otrx. Revolución no es predicar en las clases o en el curro, contar en la oficina los cómos y los por qués de una revolución.

Revolución no es obligar a una empresa a readmitir a sus esclavxs.

Ni siquiera es Revolución luchar los fines de semana en la calle, los días de diario en la calle y el curro, y en las aulas y en las paredes y en los techos. No mientras vuelves a tu casa alquilada por una inmobiliaria cualquira en un tren de Renfe, a encender las facturas de la luz y el agua.

No mientras vuelvas cada lunes a clase o al trabajo, no mientras sigas viviendo la vida de unx esclavx.

Revolución sería desatarse, desatarnos. Salir el sábado a la lucha y no volver a casa, ni a las facturas, ni a la muerte.

A la facultad sólo en caso necesario, a liberar los libros para seguir creciendo. Al curro por las noches (a coger materiales).

Pero no volver nunca al tiempo muerto.

Volver, sí, a todo lo que queremos y que nos pertenece. Colarnos en las prácticas de anatomía (sin haber abonado la matrícula) sólo para aprender, con pupilas exentas de cansancio y exámenes.

Ir a visitarlx entre vagones sucios y cansados, escondida en el fondo, sin tíckets que le pongan precio a la ilusión de verlx.

Correr todos los días (por jugar, no por prisas).

Revolución sería vivir de la forma más parecida a cómo deseas vivir.

Pero tienes los dedos manchados de facturas, de gasoil, de productos exportados de Pekín, de coltán que supura por tu móvil, de Ketchup envasado al vacío con lecitina de soja transgénica procedente de los valles de América.

Pero tienes las manos manchadas de facturas, de niñxs afganxs muertxs, de niñxs chinxs muertxs, de niñxs africanxs muertxs, de niñxs ecuatorianxs muertxs.

No pequeñx, eso no puede ser una revolución. Una lucha sí, no te lo niego. Un aporte quizás. Un desahogo siempre. Pero no es una revolución, no hemos dado el paso.

Sigo pensando que era preferible romper ese contrato para dormir con sábanas calientes y salir a la calle a dormir en un sucio cajero. Sigo pensando que era preferible pasar frío y hambre y sueño antes que pasar burocracia, firmas aquí y allá y más abajo “su vuelta y gracias”.

Antes que pasar democracia con sus pequeños y falsos Estados de bienestar cuando nada está bien.

Pero no quisiste pasar frío conmigo (pero tampoco quise pasarlo solx) y nos vendimos en una oleada de sellos, papeles y billetes.

Tú por un techo y sábanas calientes.
Yo por la soledad y otras miserias.

Lxs dos por una absurda inercia estúpida. Y seguíamos estando dentro de la rueda. Aunque las luchas, aunque el desahogo. No sé si me explico.

Supongo que en fondo, como siempre, todo me resultará tan sencillo... sólo haría falta que lxs libertarixs nos dejáramos ser libres para que la libertad realmente existiera.

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